Pensé que el año horrible había sido el 2024 que fue bisiesto (y que por definición, si es año bisiesto, es un mal año). Sin embargo, no; había posibilidades que todo fuera peor, pero ni siquiera lo había evaluado. A mediados del año 2024 se casaron Malena y Diego (mi hijo) y fue muy bueno. Pero, cerca de fin de año, uno de mis ahijados, tuvo un diagnóstico muy feo de salud.
La situación se fue desarrollando hasta octubre de este 2025, y el 14/10/2025, falleció. Apenas treinta y tres años. A unos pocos días del día de la madre, a unos pocos días del que hubiese sido su cumpleaños de treinta y cuatro años, a unos pocos días del cumple de su papá... Es todo tan horrible que no encuentro suficientes adjetivos para expresarme. No es sólo su partida, además todas las consecuencias que se generan.
Unos días antes, el 22/09/2025, camino a Punta Mogotes, Mar del Plata, sobre la autovía 2, a la entrada de Cnel. Vidal, me dormí (o lo que haya sido que me haya pasado) y terminamos cayendo con el auto a un zanjón; el auto se sumergió hasta cubrir el tablero y nosotros terminamos empapados. Los bolsos completamente mojados. Nos socorrieron los vecinos, la policía, los bomberos y gente del hospital. Lo que suponíamos que iban a ser unos días de descanso, se convirtieron en un muy feo momento. Al día de hoy, 26/12/2025, el auto terminó con destrucción total y estoy a la espera de los papeles para tramitar la baja. Gracias a Dios, los dos estamos muy bien, pero perdí el auto y el capital que eso significa, aunque el seguro me reconozca el valor asegurado.
Unos días antes, muere la gata de Raúl, mi esposo. Una gata que tenía 16 años, que había sido una gran compañera y que era la última integrante de un grupo de mascotas.
Un par de meses antes, a Raúl le envenenaron un gato de, apenas, tres años.
Y creo que no me olvidé de nada.
Si bien los días en que todo salió más que bien son muchos más, las cosas que salieron mal son más que horribles y generan un dolor que no pasa fácil.
Durante este año, hubo momentos en los que sentí que ya estaba bien de mierda, que aflojaran las malas noticias y, al menos, todo se volviese más neutro. No me alcanzaba con pensar "bueno, pero las cosas buenas fueron más" para sobrellevar las situaciones. De hecho, en algún momento dejé de agradecer cada día al despertarme por todo en mi vida, pero ahora volví a hacerlo. Lo cierto es que no importa cómo sea, los días son los que son y traen lo suyo y no tenemos modo de evitarlo. La cosa es que utilizando los "Pensamientos saludables" y las flores de Bach (ambas de la mano de Fer, mi hermana de la vida), las charlas con Rul, mi marido, Fer, Eduardo, mi hermano de la vida) la vida volvió al carril de la cotidianeidad.








