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viernes, 21 de septiembre de 2012

Sigo leyendo...

Todo empezó porque me puse a leer este libro y otro más. Por esta lectura, releí "El retrato de Dorian Gray" y leí "El banquete", de Platón.
Ahora sí, los recortes de:

Encuentros, el lado B del amor


Gabriel Rolón
Igual que con los anteriores, acá comparto algunos de los pasajes que me llamaron la atención. Luego, cuando vuelva a leer el libro, encontraré cosas nuevas. Por ahora, disfruten con alunas perlitas. Un muy buen libro, para releer varias veces y seguir descubriendo.

la completud no existe.Nadie puede tenerlo todo, y vivir implica aceptar que todo tiene un costo y que en cada logro hay una pérdida
Y es que, debo ser sincero: creo que en estos tiempos el amor tiene demasiada buena prensa y parece flotar en el aire la idea de que es siempre algo maravilloso; les aseguro que no es así, que no todos los amores son necesariamente buenos y que, en ningún caso, nos proporciona la completud anhelada.

Inconsciente Estructural, al que también denominamos Ello, aunque se vive de un modo tan extranjero que Lacan prefirió llamarlo Eso. Una fuerza que nos impulsa a ir en busca de aquello que puede causarnos dolor. Y éste es un Inconsciente que jamás se hará consciente, porque no puede volver a la consciencia algo que nunca estuvo. Es un Inconsciente, digámoslo así, con el que se nace. Por eso es estructural.

El Lapsus es un error verbal. Quiero decir algo y digo otra cosa. Me confundo de nombre, me trabo y no puedo decir una palabra sin equivocarme.

De los sueños, no es necesario hablar demasiado, me parece. Sólo decir que más allá del contenido manifiesto, de lo que podemos recordar cuando despertamos, en un lenguaje oscuro, casi como si se tratara de un jeroglífico, se esconde un contenido latente que tiene un sentido inconsciente que puede ser develado.

Los chistes dan un marco de justificación que a veces relaja la represión y permite decir algo de lo que se oculta, total, era una broma ¿no?

Podríamos empezar diciendo, aunque suene un poco caprichoso, que una emoción es una idea, un pensamiento, que carece de palabras. Las emociones encuentran su lugar en el cerebro y no en el corazón. Pero nuestra cultura y su poesía han logrado que, cuando alguien se emociona, localice ese sentimiento en el corazón.

Pero, volviendo a la historia, Prometeo, viendo que al abrir la caja escapaban la desdicha, el desamor y el sufrimiento, se abalanzó rápidamente sobre ella y logró cerrarla, dejando atrapada, al menos una cosa: la esperanza. De donde se deduce que para los griegos, como para mi amigo Alejandro Dolina, la esperanza era un castigo más. Les aseguro que una de las peores cosas que le puede pasar a esa persona es quedar esperanzada. Los analistas, muchas veces tenemos pacientes en una situación como ésta, y sabemos que para que alguien pueda empezar el trabajo de duelo es fundamental que admita primero que hay algo que se ha perdido. Es en ese sentido que la esperanza suele ser una dificultad extra para realizar ese trabajo.

Tenemos, eso sí, algo parecido, una fuerza, una energía que nos empuja permanentemente a la realización de ciertos actos en busca de la satisfacción, pero cuyas características son sustancialmente otras que las del instinto. A esta energía la llamamos Pulsión

la sexualidad humana es compleja y no es de extrañar, entonces, que sea tan problemática y causa habitual de muchos de los trastornos afectivos que sufrimos de adultos

derivar esos impulsos en la consecución de causas nobles y creativas. A ese proceso lo llamamos sublimación.

Claro que la sexualidad animal es mucho más natural, pero eso no quiere decir que sea mejor, porque la carencia del instinto le da al sujeto humano la posibilidad de elegir. Y entre esas elecciones, estar en pareja es una opción más, aunque durante muchísimo tiempo haya sido un mandato tan fuerte que estábamos todos casi condenados a estar en pareja a cualquier costo.

a la luz de lo que estamos planteando y teniendo en cuenta además los conflictos que las relaciones de pareja suelen generar, alguno podría dudar incluso si no es más inteligente el comportamiento instintivo que lleva a los animales a juntarse sólo para procrear y perpetuar la especie sin involucrar sentimientos que puedan lastimarlos. Y lo cierto es que no hay inteligencia en el saber que da el instinto. Porque inteligencia viene de inteligir, e inteligir es la capacidad de diferenciar y discriminar para después tomar una elección. El animal no elige, sólo responde, por lo cual debo decir que aunque a veces, sobre todo con algunas personas, no se note mucho, disfrutamos y padecemos la inteligencia más que ellos.

la metonimia del deseo es una manera de decir que el deseo se desplaza siempre de un objeto a otro, que no se detiene nunca y que no hay manera de satisfacerlo de una vez y para siempre. Por más que estemos muy bien en una situación, el deseo siempre se desplazará hacia otra cosa, porque todo deseo es básicamente, un deseo insatisfecho.

Esta constatación de que el deseo de su pareja sigue circulando pone muy nerviosas a las personas inseguras, los desespera. Pero no hay nada que puedan hacer, ya que el deseo va a seguir su derrotero les guste o no.

No estoy diciendo que es imposible ser fiel. Porque, dentro de esa capacidad de elección que dijimos tiene el ser humano, cada quien tendrá que hacerse cargo de lo que hace con su deseo. Y ésa es otra de las ventajas de nuestra especie; porque en tanto que el perro no se cuestiona qué hacer ante la presencia de una perra en celo, un hombre en cambio puede decir: «qué hermosa es esta mujer, pero prefiero ir a mi casa con mi familia».

Con esto, apenas si quiero decir que el hecho de que el deseo sea algo imposible de inmovilizar, no nos quita la responsabilidad sobre nuestros actos.

La pareja es un ámbito complejo y, con suerte, la persona que dice que va a amar toda la vida, lo dice porque lo siente aquí y ahora, aunque todo pueda cambiar en el futuro. Pero esto no quiere decir que el que lo dice está mintiendo. Seguramente lo sienta así, porque es tan fuerte el impacto que generan el amor o el deseo, y el momento presente golpea con tanta fuerza que el enamorado siente que no ha existido pasado ni existirá futuro. Por eso, cuando alguien nos dice que su pareja le confesó que jamás sintió con nadie lo mismo que con él, es posible que quien se lo dijo no le esté mintiendo, aunque lo que le diga no sea real.

una cosa es la realidad y otra muy distinta es la verdad.

sucede que, en el ser humano, excepto uno o dos funciones orgánicas mínimas y necesarias para mantener el organismo con vida, la necesidad es algo que se ha perdido.

represión; es un mecanismo de defensa

Con esto quiero decir que el amor es un sentimiento cuyo inicio se reconoce mirando hacia atrás e iluminando el pasado inicio se reconoce mirando hacia atrás e iluminando el pasado con la luz del presente. Es lo que llamamos resignificación. De donde podríamos concluir que el amor no es un punto de partida, sino un punto de llegada; un sentimiento que se construye con el tiempo.

Freud compara al enamoramiento con la hipnosis y dice que el enamorado está ante el amado como el hipnotizado ante el hipnotizador. Es decir que, al igual que el hipnotizado, quien ama ha perdido su voluntad y acata la voluntad del otro; y ni siquiera es consciente de lo que desea porque el único deseo que le importa cumplir es el del hipnotizador.

estamos denunciando la falacia del encuentro amoroso, la imposibilidad de que exista un otro tan maravilloso que nos complete, alguien que detenga nuestro deseo para siempre y pueda saciar nuestras ansias de eternidad. Porque ésa es la ilusión que genera el enamoramiento, pero como esa persona no existe y nadie puede sostenerse en ese lugar, es que en un tiempo más o menos largo, esa etapa cae y da paso al segundo momento en la construcción del amor; un momento al que me gusta llamar: «desilusión». y lo llamo así porque es el momento en el que cae ese proceso ilusorio de ver al otro como alguien maravilloso capaz de completarnos; aunque en realidad lo que sucede es que aparece una ilusión nueva pero de signo contrario: dejamos de verlo mejor de lo que era para verlo peor de lo que es.

Interrumpir la relación sólo porque el otro resultó no ser perfecto. Tengamos en cuenta que si alguien fuera a pelearse cada vez que descubre que su pareja tiene alguna cosa que no le gusta, todo el mundo estaría solo.

En los casos en los que la relación resiste los embates de la desilusión, se abre la posibilidad de pasar a una tercera etapa a la que sí podríamos llamar amor; una etapa en la cual vemos en el otro mucho de lo que nos enamoraba, aunque no todo, y también algunas de las cosas que no nos gustaban, aunque no todas. Y, si en esa captación del otro con virtudes y falencias aparece la sensación de que se está mejor con esa persona que

sin ella, empieza a generarse una relación de otro orden de madurez y sustentabilidad. Porque aparece el deseo de estar juntos, ya no desde un ideal imposible, sino desde el reconocimiento de las diferencias subjetivas. Porque de eso se trata el amor sano. No de necesitar al otro, sino de desearlo. De saber que sin esa persona alguien podría vivir igual, pero que aun así, elije hacerlo con ella.

Digamos entonces que para llegar al amor, siempre hay que luchar contra la desilusión, aunque cueste. Pero esto no implica que sea a cualquier precio.

La mayoría de las personas suelen ver en eso algo maravilloso. Y lo dicen así: «yo te quiero incondicionalmente» o «necesito que seas incondicional conmigo». Y lo cierto es que la incondicionalidad es una de las cosas que solemos encontrar en el núcleo de una relación enferma. Porque la palabra incondicional quiere decir, ni más ni menos que «sin condiciones». Entonces, amar a alguien incondicionalmente implica amarlo sin ponerle ninguna condición. Es decir: amarlo aunque nos pegue, aunque nos engañe, aunque por estar con esa persona no podamos ver a nuestros hijos. Y yo me pregunto a qué persona medianamente sana esto le parece algo maravilloso.

A veces, para poder alcanzar una relación sana en la cual se sienta bien, una persona debe dejar en el camino la tentación de quedarse en otras que lastiman. Lo cual no siempre es fácil.

La histeria lo busca, casi diría que lo persigue. Por eso, yporque el deseo aparece allí donde algo falta, la histérica hace foco en eso que falta y mira siempre lo que queda sin satisfacer.

el deseo se desplaza todo el tiempo de un objeto a otro, de una situación a otra, y por ende nunca se va a satisfacer. Y eso es lo que la histeria denuncia: la imposibilidad de anular el deseo.

El obsesivo, en cambio, intenta tapar la falta para que no aparezca el deseo

Pero el obsesivo se posiciona frente a él de una manera diferente de como lo hace la histérica. Lo tira para adelante, lo posterga. Eso que tanto le molesta a las mujeres ¿no? Que el hombre le diga: «bueno, pero mejor esperemos hasta terminar de pagar la casa». Y, cuando la hipoteca está cancelada, habrá que esperar a que el hijo termine la facultad, aunque en la actualidad el chico tenga sólo tres años.

Para mostrar cómo juega su papel la represión, cómo ese mecanismo de defensa produce que un hecho traumático, tremendo, difícil de soportar para la psiquis, quede olvidado, aunque sería más preciso decir, pase a formar parte de los contenidos inconscientes.

como eso, desde loinconsciente tiene consecuencias y produce síntomas y dolor en el sujeto; y por último, rescatar la frase final de Tom: . «el silencio dolió más que la violación», es decir que la falta de palabras es lo que produce el daño mayor. Porque la imposibilidad de simbolizar, de ponerles palabras a lo sucedido, es lo que enferma al sujeto.

no necesariamente el amor es algo bueno, dijimos que es una emoción, un afecto y que, como tal es algo que lo sienten las personas; que las personas sanas aman de un modo sano y las personas enfermas, de un modo enfermo.

Empecemos por diferenciar la envidia de los celos y digamos que la envidia es una relación que hace referencia al vínculo que se establece entre dos personas, en el cual una de ellas desea tener lo que la otra tiene. Pero ¿cuál es la característica primordial de este modo vincular? Que eso que el otro tiene, para el envidioso no tiene ningún valor. No se trata de que lo quiera por el atractivo del objeto. No, eso es lo de menos. Lo quiere solamente porque le molesta que lo tenga el otro…  …no brinda otro placer más que ser testigos de la frustración del otro.

Los celos, en cambio, están definidos por una relación triangular en la cual el temor que siente el celoso es que una persona, a la cual quiere mucho, le dé a algún otro lo que sólo debería darle a él… …se lo da otro porque lo quiere más y lo quiere más porque seguramente es mejor, porque vale más. …Como vemos, en este caso el objeto sí es algo valioso que puede ser dado a uno o a otro, y el celoso teme que le den a otro algo que él valora mucho y quiere para sí.

2. Desilusión. En el que comenzamos a percibir algunas imperfecciones en el ser amado, imperfecciones que ya existían, pero que el enamoramiento nos impedía percibir. Aparece algo del orden del defecto, de lo que no nos gusta tanto. ¿Y por qué aparece esto? Porque todo ese amor que dijimos se había volcado en el otro al punto tal de no querer hacer nada sin él, de no poder pensar en otra cosa que no sea él, es recuperado y vuelve al yo del enamorado.

Porque, en definitiva, la relación de amor tiene que ver con eso de poder discriminar lo que el otro tiene para dar, de lo que no tiene; y es más, a lo mejor lo tiene pero no lo quiere dar, y es su derecho. Por eso se hace necesaria una cuota de madurez para tener ese respeto por la voluntad del otro e intentar ser feliz a pesar de esto que no puede o no quiere dar.

Pues bien, el celoso es antes que nada un sujeto que vive con la sensación de estar permanentemente en peligro; torturado por el temor de que venga otro a robarle lo que ama, y entonces, fíjense cuando dice, «en los ojos de los hombres hay miradas impuras», podríamos preguntar ¿de qué hombres? Y la respuesta es: de todos los hombres. Por eso, cada vez que su pareja sale a la calle o va a hacer alguna compra, el celoso teme pareja sale a la calle o va a hacer alguna compra, el celoso teme que los otros (hombres en este caso) le vayan a dirigir miradas impuras, y esto se vuelve un tormento.

Dice Freud que nunca estamos menos protegidos contra el dolor que cuando amamos. Porque es imposible no ser un enamorado en peligro ya que, todo el que ama, corre un riesgo.

Es cierto que hay quienes, como esa paciente, se irritan si no son celadas; pero eso es porque confunden los celos con el amor, porque no tienen incorporada la importancia que en la pareja juegan la confianza y la libertad.

las situaciones pueden cambiar y, sobre todo, que las cosas se pueden perder.

Y es muy interesante esta idea de que lo que se tiene se puede perder. Porque plantea la inexistencia de la certeza en el amor.

Los celos son, antes que nada, un modo enfermo de relacionarse. Un indicador de inseguridad y algo con lo cual hay que tener cuidado, porque de ningún modo señalan la presencia de un gran amor por el otro, sino una falta de amor por uno mismo.

La persona celosa no sale nunca de este lugar donde el otro es el importante y, con su amor desmesurado, condena a su pareja a la angustia permanente, porque no importa cuánto ésta pareja a la angustia permanente, porque no importa cuánto ésta le dé, el celoso nunca va estar tranquilo, porque el problema no es con el otro sino con él mismo.

Lo que el celoso va a intentar es que el otro calme una falta que es de él. Pero no lo va a poder lograr nunca. Por eso lo peor que se puede hacer por una persona celosa es darle el gusto.

Creer que quien está a nuestro lado tiene la obligación de conocer la importancia que cada cosa tiene para nosotros, de adivinar lo que pasa por nuestra cabeza, es ponerse un poco en el lugar de ser el centro del universo. Es mucho más auténtico poner en juego el deseo y hacerlo saber.

Nietzsche decía algo así como que él sentía envidia por la  aca, que andaba por allí pastando tranquilamente sin tener culpa por lo que había hecho en el pasado ni temor por la muerte que le esperaba en el futuro. Los hombres no tenemos esa suerte

A lo mejor los que tienen fe tengan razón y después sea distinto, pero la parte que aquí nos toca, mientras transcurre nuestra vida terrenal, es asumir que siempre vamos a tener que convivir con una falta estructural, con un dejo angustioso, una disconformidad existencial que, cuando alguien enferma psicológicamente, la vuelca de un modo nocivo y se vuelve agresivo, posesivo, celoso o destructivo. En el fondo, todas esas reacciones no son más que una manera equivocada de intentar lo imposible: llenar esos huecos, esa falta.

Cambiar es algo inevitable y no es posible vivir sin modificarse en algún punto.

Esto de querer sin de la muy temprana juventud. Esto de querer sin presentimientos. Un adulto ya no puede. Ha vivido muchas desilusiones, quizá lo hayan engañado y, probablemente, él haya hecho otro tanto. La vida lo ha marcado y, a fuerza de pérdidas, de dificultades, aprendimos que aunque alguien se esfuerce y haga todo lo posible, muchas veces las cosas no salen como lo deseamos. Y en ese contexto ¿cómo no tener presentimientos?

Toda relación humana se construye sobre la base de acuerdos, dichos o tácitos, y a veces la diferencia entre que algo funcione o no está en la inteligencia que se tenga para advertir en funcione o no está en la inteligencia que se tenga para advertir en qué momento se hace imprescindible modificar un acuerdo preexistente que ya no sirve, por otro que sí se acomode a la realidad presente del vínculo.

Se poseen los objetos, no los sujetos, y nadie que trate a otro como si fuera una cosa puede amarlo verdaderamente.

hermosa metáfora que tienen algunos pueblos africanos, que dice que cuando cerramos el puño, es cierto que nadie puede quitarnos nada, pero no es menos cierto que tampoco nadie puede colocar nada nuevo en nuestra mano.

en ocasiones, para hacer bien las cosas tal vez sea necesario sufrir: para ganar a veces hay que perder.

a este momento a partir del cual el  chico deja de decir «Juan» o «el nene» para referirse a sí mismo y pasa a decir: «Yo», lo denominamos Narcisismo, y recién después de este proceso, de este «nuevo acto psíquico» — como lo llamó Freud— alguien adquiere la posibilidad de amarse a sí mismo y a los demás.

El amor se convertirá en un elemento valioso y limitado, de modo tal que el sujeto debe administrar cuánto se guarda para sí y cuánto da a los otros. Porque cuanto más se ame a sí mismo menos amor tendrá para el resto y cuanto más lo derive hacia el exterior, menos le quedará para cuidar su valor y su autoestima. Se trata de guardar un sano equilibrio para evitar caer en situaciones extremas y enfermizas. De allí la poética y veraz sentencia de Sor Juana Inés de la Cruz: «El amor es como la sal. Dañan su falta y su sobra».

El orgasmo es un acto que se disfruta en la más profunda soledad. Algunas personas incluso pueden decirlo: «quedate quieto… no te muevas…, dejame a mí… no me digas nada», u otras frases por el estilo. Es decir que lo que lo que el amante pide en ese momento es que se lo deje solo con su cuerpo, con sus sensaciones, en la posición que más le gusta y con el movimiento rítmico que desea, con sus fantasías incluso, porque allí aparece toda una cuestión que no es de dos sino de uno. Y conocer y respetar ese momento es parte de la construcción de una pareja.

El buen partenaire sexual no es el que tiene todo preparado, todo bajo control y utiliza la misma técnica con todas las personas, porque la sexualidad humana es un territorio de incertidumbres y no de certezas.

Es ese famoso: «estaba allí y se me fue» o, como decía la misma paciente: «Fue un orgasmito, no fue de esos fuertes, de esos que te dejan temblando». ¿Y eso por qué? Porque no pudo quedarse sola en ese momento en el que se funde lo físico con lo psíquico, el placer con el dolor. Por eso no debe sorprender que a muchas personas les sea más sencillo alcanzar el orgasmo cuando se masturban que cuando tienen relaciones sexuales.

A ese funcionamiento que hace que la psiquis tienda a mantener constante un nivel de tensión, que nunca será cero, porque no tendríamos deseo de nada, y a disminuir cualquier exceso por registrarlo como displacentero, lo llamamos Principio de Placer.

No hay nada más antinatural que la sexualidad responsable.

La homosexualidad no es el acto perverso de alguien que somete a otro a padecer algo aberrante, sino la elección consciente de dos personas en la cual uno no es el objeto de  goce del otro, sino que ambos se constituyen en sujetos del amor.

La perversión es otra cosa; es un tipo de relación en la cual no hay dos sujetos, sino que uno de los dos es degradado a la condición de objeto para el goce del otro.

Al sádico lo que lo excita no es el dolor, sino la angustia del otro, y el masoquista en su dolor obtiene placer.

cada sujeto es único y sus reacciones tienen que ver, no con su pertenencia a la especie, sino con la combinación de tres factores distintos cuya interrelación irá formando la base de su personalidad: la herencia, la historia personal y la sociedad en la que vive.

nuestro nombre nos obliga a hacernos cargo de algo que se espera de nosotros desde antes de nacer.

El lenguaje es, entonces, aquello que nos hace seres diferentes del resto de las especies. Porque su existencia echa por tierra con los llamados del instinto, que nos impulsarían con su fuerza a ir y tomar sin más lo que satisface la necesidad, y nos obliga a hablar, convencer, pedir, acordar y ceder para relacionarnos con los demás

Siempre hay algo imposible de ser dicho, algo que se pierde en la comunicación y que, por ende, resulta inasible. Y eso que no puede articularse por medio de las palabras, eso que no sabemos cómo pedir, dejará siempre un resto de insatisfacción. El fruto de esa insatisfacción es, ni más ni menos, el que permite el surgimiento del deseo. Un deseo que en parte tiene que ver con lo que decimos, pero también con lo que no podemos decir.

Una vez que ha sabido de la existencia de su madre, de su pecho que lo alimenta y de sus brazos que lo calman, el niño ya ha entrado al mundo del deseo y, cada vez que sienta hambre, sueño o miedo, no podrá evitar que surja ese deseo de que la mamá venga, se haga cargo de sus demandas, y lo calme. Ésta es la experiencia que da origen al amor.

Pero siempre habrá una diferencia entre la satisfacción anhelada y la satisfacción encontrada. Siempre habrá algo que queda, un resto de insatisfacción y ése será el habrá algo que queda, un resto de insatisfacción y ése será el motor permanente del deseo humano, ya que este modelo infantil se irá trasladando con los años a todos y cada una de nuestras vivencias.

Cada acto, cada palabra, puede funcionar entonces como un mandato a obedecer al ser tomado por una psiquis en formación como la de un chico.

que sin saberlo, todos llevamos mandatos que inconscientemente guían nuestros pasos, muchas veces por caminos de dolor.

Un mandato es una palabra, un gesto o un acto de otro que incorporamos y al que, inconscientemente, le damos el poder de guiar nuestras vidas. He aquí la característica de los mandatos: nos constituyen porque nos identificamos con ellos y los incorporamos hasta hacerlos algo propio, y desde allí nos indican cómo debemos ser para satisfacer el deseo de otros y, de esa manera, nos señalan para satisfacer el deseo de otros y, de esa manera, nos señalan el camino a seguir.

Cuando nuestros padres nos transmiten que tenemos derecho a pelear por lo que deseamos, que podemos fracasar en ese intento sin ser por eso inservibles, que peleemos por seguir nuestros deseos, pero sin exigirnos el éxito como única fuente de placer, incorporamos mandatos que son propiciadores y no frustrantes.

Todos y cada uno de los lugares a los que podamos vernos convocados a ocupar en la vida tienen que ser construidos, porque el ser humano no es un ser natural sino un ser social.

ante la falta de instinto, los seres humanos hemos desarrollado una fuerza tanto o más movilizante aún: El Deseo. Esa energía que permanentemente nos impulsa a aún: El Deseo. Esa energía que permanentemente nos impulsa a hacer cosas, armar proyectos laborales o sentimentales, estudiar o hacer un viaje. El deseo que, por ejemplo, toma la forma de la búsqueda del amor, del conocimiento o de la realización de los proyectos personales.

La «depresión», por ejemplo, término tan usado en estos tiempos, es una enfermedad que se caracteriza por la desaparición del deseo, lo cual provoca una ausencia de proyectos tan marcada que nos deja cara a cara con la muerte, destino final y conocido de todo sujeto humano. Y es ante esta situación que surge la angustia que nos invade dejándonos paralizados e impotentes.

esa energía que parece habernos abandonados es lo que llamamos Deseo

Porque el deseo, ese algo siempre insatisfecho, es el que nos impulsa a sobreponernos a estas dificultades, el que nos insta a buscar nuevos horizontes, a volver a empezar a pesar de los tropiezos e intentarlo siempre una vez más. tropiezos e intentarlo siempre una vez más.

Decir que el deseo es siempre insatisfecho no es lo mismo que decir que alguien deba sentirse siempre insatisfecho y que no pueda disfrutar de los logros alcanzados. Simplemente significa que nadie puede tenerlo todo, que siempre podemos querer alcanzar un objetivo más.

Dijimos que el amor requiere de una cierta idealización del otro, pues bien, el deseo en cambio necesita degradar al objeto para poder erotizarse.

¿Y cuál es la dificultad mayor que se le presenta a una pareja? La de poder sostener el amor y el deseo en una misma relación, es decir, idealizar y degradar, según sea el momento, a la misma persona, lo cual propone un desafío para ambos.

los mecanismos del amor y el deseo transitan por senderos tan distintos que no es raro que puedan dirigirse a personas diferentes. Esta comprobación es tremendamente dolorosa porque rompe con una de las ilusiones que genera el amor: completarse el uno al otro.

el tema de la fidelidad se impone como algo que no está dado por el solo hecho de estar en pareja y que requiere de una decisión y un esfuerzo personal.

Para concluir, digamos que el deseo es, en definitiva, la única arma que tenemos para enfrentar a la muerte. Porque si no tuviéramos deseos, al mirar hacia adelante, sin proyectos que nos movilicen, veríamos solamente en el final del recorrido el destino que nos espera y no podríamos evitar pensar todo el tiempo que nos vamos a morir. Movidos por la fuerza del deseo emprendemos epopeyas, escribimos libros, nos enamoramos, estudiamos o simplemente transitamos la vida de la mano de aquellos que, con su transitamos la vida de la mano de aquellos que, con su reconocimiento, nos hacen renovar permanentemente las ganas de crecer y nos invitan a inventar, siempre, un proyecto más.

«Hoy en día la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido.» WOODY ALLEN

la infidelidad es más complejo de lo que comúnmente se piensa y que no siempre se puede poner a los buenos de un lado y a los malos del otro.

en pocas etapas de la vida, el amor, el abandono, la soledad y el engaño se viven con tanta potencia y con tan poca posibilidad de defenderse de la angustia como en la infancia.

el que desea se encuentra movilizado a ir imperiosamente en busca del objeto que origina este deseo y, movido por esa fuerza que lo atraviesa, es capaz de correr riesgos. Hay quienes buscan la tranquilidad intentando convencerse de que ese amor o el deseo durarán toda la vida. Pero ya hemos dicho que en estos asuntos no hay certezas posibles.

Porque consciente o inconscientemente prometemos dar lo que no tenemos y luego, más tarde o más temprano, se revelará la impostura.

mientras que el deseo surge de un modo intermitente Porque mientras que el deseo surge de un modo intermitente y busca la satisfacción inmediata, la reducción de la tensión que genera, el amor, en cambio, anhela la permanencia en el tiempo. Entonces ya no ocurre como con el puro deseo erótico que, una vez satisfecho, permite la ausencia del otro hasta que vuelva a surgir el ansia de reencuentro. Por el contrario, aquí es necesaria la presencia del amado, ahora, después y, si fuera posible, toda la vida.

La infidelidad es un hecho inesperado, vivido generalmente como algo extraño, como si el infiel hubiera quebrantado un modo natural de relacionarse y la persona que ha sido traicionada no llega a comprender los motivos del engaño y busca una explicación que, de todos modos, no va a servir para que entienda, ni para aliviar su dolor. Pero ocurre que lo que a veces nos cuesta entender es que la fidelidad no es un acto natural sino el producto de una decisión. Decisión que, generalmente, se sostiene con gran esfuerzo.

la infidelidad. La percibimos como algo extraño, un hecho que nos sorprende, sin pensar que es mucho más difícil ser fiel que no serlo. Porque la fidelidad debe enfrentarse a la fuerza del deseo que, como dijimos, no se detiene por más que estemos enamorados, y el amante fiel le presenta una batalla cotidiana a sus tentaciones en pos de algo que considera mejor para él.

el amor no trae por añadidura la fidelidad. Eso forma parte de la individualidad de cada quien, de su subjetividad, de su modo de vivir la vida.

el deseo no se deja apresar y continúa su recorrido por muy enamorado que alguien esté. Pero esta idea está tan arraigada que se hace necesario, entonces, encontrar siempre un problema como causa desencadenante de la infidelidad, pasando por alto que lo problemático es la naturaleza misma del deseo.

La libertad total de elección es algo que no existe en ninguna persona, que toda elección está condicionada desde algún lugar.

¿Elegía la infidelidad? Sí y no. Porque, como dijimos, no hay una manera de elegir que sea totalmente pura, porque toda persona deviene de una construcción en la que intervienen factores históricos, sociales y culturales. Nadie surge de la nada. Todo hombre se ha criado en algún lugar y a partir de ahí ha desarrollado una manera de sentir, una conducta y una forma de vérselas con su deseo.¿Le quita eso responsabilidad sobre sus actos? De ningún modo. Un hombre, decía Freud, es responsable hasta de lo que sueña.

¿puede reintentarse una pareja después de una infidelidad? Y hay que decir que como cada sujeto es único, hay parejas que pueden reconstruirse después de un arduo trabajo y hay otras que no pueden ni siquiera intentarlo y se separan. Pero hay un tercer grupo, que es el peor de todos, que es el de aquellos que no pueden resolver lo que pasó y, sin embargo, permanecenjuntos.

Reintentar una relación después de una infidelidad es algo posible, pero requiere de una profunda sinceridad personal para poder reconocer si alguien puede o no volver a confiar. Hay veces que se puede intentar. Y si a pesar de poner lo mejor que tenemos nos damos cuenta de que el dolor no cesa, decir simplemente: no puedo.

Y lo que ocurre es que una elección de amor es, muchas veces, una manera más en la que puede aparecer el inconsciente, un modo particular de recordar, ya no con ideas o palabras sino con actos, algo que no se pudo resolver y que tiene su origen en esas relaciones primarias.

Decía Borges que sólo una cosa no hay, y es el olvido. Comparto esa sentencia y digo, junto a Freud, que recordar es la mejor manera de olvidar.

Comprendió que no se trataba de transformarse en agresor y devolver ojo por ojo y diente por diente, ni tampoco de poner la otra mejilla y seguir permitiendo que se lo lastimara, sino que la mejor manera era evitar el golpe y, para lograr esto, el único modo era no estar allí cuando ese golpe llegara. Es decir, no quedarse ni participar en vínculos que se sostuvieran en una modalidad agresiva de comunicación.

Muchos padres al ver las cosas de las que son capaces sus hijos se preguntan: «¿Pero qué habré hecho yo de mal para que me saliera así?». Ésa es, en general, una pregunta retórica que espera una respuesta segura: nada. Sin embargo, creo que no estaría mal tomarla como una pregunta abierta y cuestionarse, seriamente, si algo en el modo en el que fue vivida la infancia de ese hijo no ha influido de alguna manera en sus conductas presentes y, en ese caso, cuánto tienen o no que ver esos padres con la realidad de la cual hoy se quejan.

este hecho, que la mujer ya no necesite del hombre, lejos de ser algo menor, pone a ambos ante un desafío maravilloso que es el de hacerse desear mutuamente, ya que dos personas que no se necesitan eligen de todos modos estar juntos sólo cuando eso es lo que desean. Y esto los obliga a seducirse, escucharse y hacer esfuerzos por comprenderse y establecer acuerdos para vivir en pareja.

es innegable que, en muchas ocasiones, una discusión puede ser algo productivo, pero jamás lo será un discusión puede ser algo productivo, pero jamás lo será un insulto. Por el contrario, éste genera en el agresor la tentación de avanzar aún más, porque con cada uno de estos actos va perdiendo el respeto por el otro

Es importantísimo amar a alguien para construir algo en común, pero no alcanza con eso y, si no le sumamos el respeto y la confianza, por ejemplo, no encontraremos en esa unión el clima necesario para, al menos, sentirnos bien

Lo difícil es amar sanamente, controlando la ira, el malhumor, poniendo palabras en lugar de actos y comprendiendo que la pasión, cuando está al servicio del erotismo, puede llevar a disfrutes maravillosos, pero cuando esa misma pasión se vuelca sin freno en las discusiones puede tener consecuencias lamentables.

A pesar de todas las dificultades, cuando alguien quiere sanamente y sus sentimientos son nobles, puede ser que enamorarse sea realmente algo maravilloso y que el amor y el deseo puedan caminar juntos para siempre.

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